Tercer Desafío Capitular en MFA-Cid
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Tercer Desafío Capitular en MFA-Cid

El domingo 1 de Octubre los miembros de  MFA-Cid nos reunimos para trabajar el Desafío Capitular 3: “Revitalizar la fraternidad desde la mística de la comunión” apoyándonos en la Exhortación apostólica del Papa Francisco sobre el anuncio del Evangelio “Evangelii Gaudium” nuestro grupo de jóvenes “SOM ONE ”a través  de diferentes pruebas, juegos y situaciones, nos hicieron trabajar y reflexionar sobre cada   uno de los cinco sentidos: vista, oído, tacto, olfato y gusto.

Comenzamos en el patio trabajando el sentido de la vista y contemplando la mirada de Jesús desde la cruz, desde donde se ven diferentes miradas, pero la de Él fue siempre una mirada llena de amor, mirando por los otros y hacia el  Padre. Nosotros deseamos como Jesús, tener una mirada limpia y llena de amor para  que nada nos deslumbre e impida ver  de las necesidades del otro.

Después de la vista era el turno del oído :nos quedó claro  que para poder escuchar hay que prestar atención, estar pendiente del otro, sin que nada nos distraiga  para poder así oir la voz del Señor cuando nos habla y la voz de nuestro prójimo y poder así ayudarle .

Trabajando el tacto nos dimos cuenta que  a través de nuestras manos somos capaces de acoger al otro , darnos a los demás, y  que es muy importante tratar al otro con mucha delicadeza , compartiendo sentimientos y distintas opiniones ,respetando su parecer y  sin tratar de imponer.

“Pues nosotros somos para Dios el buen olor de Cristo”(2Co2,15). Que como buenos cristianos  seamos capaces de dejar  huella en los demás, que nuestra vida  huela a entrega, huela a  amistad, a compromiso, que dejemos “buen olor” allá donde estemos.

Para finalizar trabajamos el sentido del gusto: endulzar y no amargar, juntos  queremos ser la sal que de sabor a la vida, dando testimonio ,pronunciando palabras siempre de cariño, que no hieran si no que despierten sonrisas y alivien el corazón de los que nos rodean.

Después de trabajar los sentidos  entramos a la capilla con los ojos cerrados y nos sentamos en círculo, al abrir los ojos, un muro de papel nos separaba de los que estaban en la otra parte. Cada uno fuimos escribiendo en un ladrillo de ese muro lo que no nos deja ver a los hermanos que tenemos delante: egoísmo, falta de amor, querer imponer nuestra voluntad, ir a la nuestra…y juntos cantamos y pedimos ante el Sagrario unos ojos para ver el interior, un corazón como el de Jesús  para poder ser cambiados por su amor.

Y así  nos despedimos, dando gracias a los jóvenes por hacernos pasar una tarde tan divertida y provechosa en familia y  con  muchas ganas de poner los cinco sentidos en las pequeñas cosas del día a día, para “Dejarnos impregnar por la misericordia de Dios para poder ir al encuentro de cada persona,..” (CF. Misericordiae Vultus,5)

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