Crónica del V Encuentro de Formación y I Encuentro de Hermanas y Laicos. 11-13 octubre 2019.

Crónica del V Encuentro de Formación y I Encuentro de Hermanas y Laicos. 11-13 octubre 2019.

Como todos sabéis, por nuestro proyecto de vida, el Movimiento Familia Albertiana “promueve y sostiene la formación personal y en grupo mediante reuniones mensuales, jornadas de formación, retiros, Ejercicios Espirituales y encuentros”. Bajo esa premisa, y con cierta expectación por ser esta la primera vez que ser realizaba un encuentro de estas características entre hermanas y laicos, el viernes 11 de octubre acudimos al V encuentro de formación de MFA en el centro “La Salle” de la localidad valenciana de Llíria, en donde, con su buen hacer habitual, nuestros amigos de MFA Cid, Grao y Onteniente nos habían preparado una excelente acogida.

Es difícil resumir lo vivido durante esos dos días, por su intensidad y por la dificultad de poner por escrito emociones y sentimientos que surgen en un ambiente de fraternidad y comunidad en donde los ojos del alma se quitan, en ocasiones, su habitual somnolencia cotidiana y el Espíritu se nos hace presente de una forma especial. Sin duda nos ayudaron los frecuentes momentos de oración y el sabernos queridos y acompañados como familia de hermanas y laicos que siente como el carisma de Madre Alberta desborda los límites de la congregación y se abre a nuevas posibilidades de futuro que, entre todos, nos sentimos movidos a impulsar.

Comenzamos con buen pie el sábado 12 octubre, con una Eucaristía en la que celebramos la fiesta de nuestra Señora del Pilar, dentro del mes extraordinario misionero convocado por el Papa Francisco, que fue también ocasión para acordarnos particularmente de nuestros hermanos de Hispanoamérica. Ya desayunados y arropados por la amabilidad del personal del centro, nos dispusimos a comenzar la jornada.

El núcleo formativo de este encuentro fue impartido por D. Pedro Mendoza, sacerdote de la Compañía de Jesús, al que algunos ya habían tenido la ocasión de conocer como conductor de ejercicios espirituales ignacianos en ocasiones anteriores. Durante dos sesiones escuchamos con atención sus reflexiones, fruto de años de estudio y experiencia, acerca de aquello que nos ayuda o dificulta el encuentro de Dios en la vida y sobre la importancia de una buena comunicación para convivir mejor. Tras cada sesión, provistos de un eficaz resumen y material para la reflexión, formamos pequeños grupos en los que hermanas y laicos  compartimos experiencias y preparamos una puesta en común. Es en esta actividad en la que muchos tuvimos la oportunidad de conversar con hermanas que acudían por primera vez a un encuentro formativo compartido con MFA, y de comprobar como los lazos que nos unen con la congregación se fortalecen a medida en que reconocemos el motor común que a todos nos impulsa, seguir a Jesús desde el carisma de Madre Alberta.

Felices por el tiempo compartido, aún nos quedaba ese sábado mucho que experimentar y, recordando la canción “Nadie enciende una lámpara para ocultarla” con la que habíamos comenzado, entramos en un precioso tiempo de oración compartida en el que las hermanas nos mostraron como orar con el Lucernario del rito hispano-mozárabe, para luego compartir Vísperas y la presencia del Señor en la Adoración. Cuando, tras la oración de la noche, acabamos el día, muchos nos sentimos agradecidos por la oportunidad de haber vivido una jornada tan especial.

Con renovadas fuerzas, el domingo celebramos la Eucaristía del Compromiso y, aprovechando el soleado día, realizamos la habitual fotografía de familia, este año aún más amplia. En un inmejorable ambiente de trabajo nos organizamos de nuevo por grupos para elaborar una reflexión conjunta sobre lo que nos ha aportado MFA en estos 10 años de camino, tanto a hermanas como a laicos. Nuevamente tuvimos la ocasión, con la ayuda de preguntas concretas dirigidas a hermanas y laicos, de descubrir la riqueza y posibilidades de nuestro carisma compartido. Incluso nos faltó tiempo para la puesta en común de tantas ideas que, providencialmente, tuvimos la prevención de poner por escrito. Estas reflexiones serán de gran ayuda para seguir caminado y construyendo conjuntamente MFA en cada comunidad.

Con la alegría de haber disfrutado este tiempo compartido nos despedimos hermanas y laicos, tras un pequeño paso más en nuestra formación, después de habernos conocido un poco mejor, con la seguridad de compartir una sólida raíz común y con la mirada puesta en el futuro al que el Espíritu nos guíe.

Tras este breve resumen, que no hace justicia a todo lo que compartimos, solo quiero agradecer a los organizadores del encuentro su gran trabajo, así como a las hermanas, especialmente a la hermana Emilia y a todas las hermanas que acudían a este encuentro conjunto por primera vez, por su implicación y apoyo. Quisiera también animar a todos los miembros de MFA que tengan la posibilidad a participar en futuras jornadas de este tipo y, en cualquier caso, a acercarse en cada comunidad a espacios y actividades que fomenten la vivencia y el conocimiento mutuo entre hermanas y laicos, que tanto nos aporta. Que la Virgen de la Pureza, que nos protege y ampara, sea siempre guía en nuestro compromiso.

Juan Carlos Díaz Belmonte
MFA MAdrid
Consejo Nacional

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