Estamos ya en camino.
La Cuaresma es una invitación. Dios nos llama al
desierto para hablarnos al corazón, como le habló a su pueblo en el Antiguo
Testamento.
Hoy, a mitad de esta tercera semana, vale la pena detenerse un momento y
preguntarnos:
¿Cómo va mi Cuaresma? ¿La estoy viviendo de verdad o solo de costumbre?
¿He encontrado momentos de silencio para escuchar a Dios?
¿Mi ayuno, mi oración y mis pequeños actos de desapego están transformando
algo en mí?
La Cuaresma no nos pide perfección, nos pide conversión. No que seamos
otros, sino que volvamos a ser los que Dios soñó cuando nos creó.
Oremos:
Padre , en este miércoles de Cuaresma te pedimos la gracia de no
conformarnos con una fe superficial. Que este tiempo nos encuentre dispuestos
a soltar lo que nos aleja de Ti y a abrazar lo que nos acerca a tu amor.
Acompáñanos en este desierto, como acompañaste a Jesús, y que al final de
estos cuarenta días podamos llegar a la Pascua con el corazón renovado.
Señor y Dios nuestro, que nos diste a Madre Alberta
como ejemplo de amor y servicio a la Iglesia;
concédenos que sea reconocida
su santidad y danos,
por su intercesión,
la gracia que confiadamente te pedimos
Amén.
Padre nuestro. Ave María. Gloria.