Oración del 29 de octubre

Oración del 29 de octubre

taize-magnificat-instagramAl final de este mes de Octubre ponemos de nuevo nuestra mirada en María para aprender de ella a agradecer, a vivir dando gracias.

Hoy es María agradecida la que la que con su cántico de alegría, llena nuestra vida de regalos.

Pensemos en todas las gracias recibidas en este mes de Octubre, el Encuentro Nacional, el Compromiso, la fiesta de la Pureza, el sentirnos más unidos en MFA….

Petición: Ayúdame Señor a ser agradecido como María.

María estaba ya embarazada de muchos meses. Podía haberse acomodado y haberse quedado en casa. Al fin y al cabo era ella la que iba a ser madre de Dios; pero en vez de eso, decidió ponerse en camino e ir a visitar a su prima Isabel, que también estaba embarazada. Delante de su prima Isabel, recita un cántico bien conocido que hoy llega hasta nosotros. Se siente alegre porque Dios se ha fijado en ella. Oremos hoy nosotros con esta oración del Magníficat:

Proclama mi alma la grandeza del Señor,

se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;

porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones

porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí.

Su nombre es santo,

y su misericordia llega a sus fieles

de generación en generación.

Él hace proezas con su brazo:

dispersa a los soberbios de corazón,

derriba del trono a los poderosos

y enaltece a los humildes,

a los hambrientos los colma de bienes

y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel su siervo

acordándose de la misericordia

―como lo había prometido a nuestros padres―

en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

 

Trato de recordar alguna circunstancia en la que yo haya experimentado una alegría profunda. Veo la huella de Dios en ella.

¿Cómo proclamo en mi día a día la grandeza de Dios? ¿Por qué está alegre mi alma? ¿Qué obras grandes ha hecho Dios en mí? ¿Qué esperanzas comparto con los demás?

Gracias por este rato juntos; gracias porque he podido descubrir las alegrías de mi alma; porque he podido cantar a Dios desde dentro.

 

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